Leyendas islámicas de Jaén
El Jaén de la época musulmana nos ha dejado multitud de
tradiciones costumbres y conocimientos, este tiempo de los musulmanes en la
provincia también significaron una convivencia de estos con la gente
preestablecida en la provincia. Fruto de esta convivencia surgen numerosas
leyendas que nos ayudan además a conocer un poco más de esta gran cultura.
Leyendas amorosas
Son muchas las leyendas cuyo tema principal es el amor, un
amor que normalmente suele terminar en tragedia, aquí os contamos algunas de
las más conocidas:
La princesa del palacio moro (Convento de Santa
Catalina/Santo Domingo)

La primera leyenda se
encuentra situada en el Convento de Santo Domingo, llamado desde Juan I
Convento de Santa Catalina Mártir, que es la titular de la portada
renacentista.
En él se habla de la existencia de una joven mora a la que
dieron muerte por haberse enamorado de un cristiano.
‘’ Corría el año 1155. El rey Alfonso
VII ‘El Batallador’, vino a sitiar Jaén tras haber tomado Andújar. Para ello
dio órdenes precisas a sus capitanes, a fin de que vigilaran y cerraran el paso
de los caminos que llevaban a la ciudad.
En esa ocupación se encontraban D.
Fernán Ventúrez, al que el rey encomendó la vigilancia del camino de Granada,
cuando cierta mañana decidió investigar las defensas enemigas, adentrándose por
entre las huertas que riega el arroyo de Valparaíso, burlando la vigilancia de
los soldados.
Por mala ventura, una joven mora que
por aquellos andurriales se encontraba en compañía de otras tres moritas, se topó
de bruces con el apuesto Capitán quien, sorprendido por el encuentro y por la
singular belleza de aquella joven, quedo extasiado e su contemplación, en tanto
que la moza también abrumada por la gentil apariencia del Capitán, quedo paralizada
entre el miedo y la sorpresa, desoyendo los requerimientos vehementes de
quienes la acompañaban.
D. Fernán, que estaba apostado junto
a un rosal silvestre de blancas flores, tomo una de ellas y, con un gesto enamorado,
se la ofreció a la Princesa, invitándola a que marchase junto a los suyos.
Ella, ruborizada y con sus hermosos
ojos albergando mil estrellas de amor, tapaba su rostro con una gasa
transparente de delicados bordados y pedrería, mientras caminaba despacio y sin
darle la espalda al caballero, hasta juntarse con sus compañeras, quienes,
entre risas cómplices, tomaban el camino de Jaén, volviendo una y otra vez la
mirada hacia aquel apuesto soldado que, ensimismado aun con los verdes ojos de
su ya sentido amor seguía apostado junto al rosal.
Volvió al día siguiente el Capitán a
ese lugar buscando la fortuna de encontrar la morita. En esta ocasión fue el
quien la sorprendió, ofreciéndole de nuevo una blanca rosa que permaneció unos
segundo entre las manos de ambos dos, hasta que ella la tomo para sí, besando
sus pétalos a la vez que fundía el vede mar de su mirada con la de su apuesto
doncel.
Durante tres días más se produjo el encuentro
de los dos enamorados, aumentando con cada uno de ellos el sentimiento común
que les embargaba; pero la envidia, tan mala consejera como cruel verdugo, sentó
sus reales en aquella nefasta mañana:
La princesa fue delatada por una de sus
doncellas y, apenas hubo rebasado la puerta de Granada, un piquete de soldados
la siguió hasta el árbol del amor, y sorprendiendo a los enamorados, los
prendieron y llevaron hasta el palacio real donde, a pesar de las suplicas y
llantos de la Princesa, el Capitán fue conducido inmediatamente a las mazmorras
del castillo, mientras ella era recluida en una habitación del palacio.
Transcurrían los días, y la joven
enamorada rogaba insistentemente a sus guardianes que le dieran noticias de sus armado; pero ante el silencio de aquellos,
se le turbo gravemente el juicio y, entre llantos, pregonaba con gran vehemencia
sus sentimientos.Cierta mañana dejaron e oírse tan
sentidos lamentos. Solo se escuchaba el rastrear de una pala, echando tierra
sobre una fosa cavada en el jardín del palacio.
Desde aquel día, son muchos los que
han visto la figura transparente de una morita de ojos verdes, con gasa de delicados
bordados y pedrería sobre su rostro, pasear su pena por el claustro del Convento,
o buscar por las mazmorras del antiguo castillo, el halo de su enamorado Capitán.’'
Mas si este relato constituye una ficción, si es cierto que
durante una visita al Archivo Histórico y, al preguntarle a la Directora sobre
la mora que se aparecía, esta nos dijo que nunca vio nada anormal, pero que un
estudioso de los que visitaban esa galería, le advirtió con la cara pálida que
nunca más subiría a la misma.
También comento que una tarde, cuando los albañiles se quedaron
solos, salieron despavoridos del recinto tras sentir unos escalofríos,
haciéndole saber al día siguiente que nunca más volverían a pisar aquella casa.
Es así mismo significativo el caso de un pintor, que prefirió perder el empleo
a continuar su trabajo.
Quizás viesen el
reflejo de sabanas colgadas en los pisos adyacentes; pero lo cierto es que, de
cuando en cuando, se percibe un agradable olor a azahar en el lugar; además, en
cierta ocasión se tomó una fotografía al fondo del corredor de la galería alta,
apreciándose en la misma como la figura transparente de una entidad a modo de
mujer vestida con gasas o túnica oscuras, deja ver lo que hay detrás de ella. La
fotografía desapareció misteriosamente.
La
Fuente de Caño Quebrado
En la bifurcación de la carretera que sube hasta el Castillo
de Santa Catalina, justo cuando encontramos la desviación hacia el Hospital de
El Neveral, se encuentra la Fuente de Caño Quebrado, lugar donde se sitúa
nuestra segunda leyenda.
''Cuenta la
leyenda que la hermosa Zoraida caso con Abu-Omar, gobernador de la ciudad,
teniendo su residencia en el castillo. Se profesaban gran amor; pero su felicidad
fue efímera pues, Abu-Omar fue asesinado por un traidor, aprovechando que aquel
tuvo que bajar a Jaén.
Enterada de
ello la bella Zoraida, enloqueció y huyo del castillo, encontrándola después en
el mismo lugar en que asesinaron a su marido donde, por la pena, se hirió de
muerte con la propias daga de su amado.
Cuenta la tradición
que en ese lugar broto la fuente de Caño Quebrado, siendo la primera agua que manara,
las mismas lágrimas de Zoraida.''
No se extrañen si al atardecer, ven por allí los espectros
de dos enamorados vestidos a la usanza árabe, fundidos en un abrazo de infinito
amor.

Refieren que este fantasma hace su aparición en
el castillo viejo, en una habitación del Parador. En tal sentido , unas
turistas allí hospedadas , comentaron al director del hotel que en el piso de
arriba se escuchan gritos , correr muebles, etc. y que asomándose una de ellas
a la puerta , vio como una mujer disfrazada de princesa mora la miraba
fijamente y desaparecía acto seguido . Mas sorprendidas se quedaron cuando les
dijeron que arriba no existía piso, sino tejado.
Jasmina
Es en el propio castillo de Santa Catalina donde transcurre
la tercera leyenda, la leyenda de una entidad que vaga por las almenas del castillo,
Jasmina.
‘Jasmina
era la amada del Condestable Iranzo, mora bellísima de ojos rasgados y verde
que vivía en los aposentos expresamente dispuestos para ella por D. Lucas en el
castillo.
Muchos nobles,
envidiosos de la aventura amorosa que disfrutaban el paladín y su amada o, quizás
recelosos por el trato tan favorable que daba a moros, gitanos y judíos, aprovecharon
que Iranzo salió de Jaén por asuntos de guerra, para entrar en la habitación de
Jasmina. Allí y, aunque estaba embarazada, la violaron y después la quemaron
viva.’
Desde entonces, no es raro contemplar en los atardeceres
solitarios y silenciosos, el llanto de una bella princesa mora por las almenas
de la fortaleza, esperando a su amado. Tal visión fue contemplada por el guarda
del castillo, allá por 1960, cuando se estaban ejecutando las obras del Parador;
concretamente, por la antigua entrada de este (escaleras de la cafetería)
En alguna ocasión, al tomar una fotografía al cuadro del
Condestable que hoy se expone en el salón de armas del Parador, esta ha salido velada.
No se sabe muy bien si los sollozos que se escuchan y las
visiones que se han constatado en el castillo, son por este episodio, por el de
la mora del palacio de los reyes (Convento de Santa Catalina/Santo Domingo) o
por la mora suicida por amor en Caño Quebrado.